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Historia

EL ESPLENDOR DE LOS MOGOLES

Enrique Gallud Jardiel

 

La India se ha visto repetidas veces invadida por pueblos de distinto origen. Estas migraciones comenzaron con los arios en el segundo milenio a.C. y culminaron en la unificación del país, con la llegada de los mogoles. Estos conquistadores llevaron nuevas formas de vida y sus propias perspectivas artísticas y culturales.

Los mogoles, originarios de Persia, conquistaron el país a principios del siglo xvi, establecieron un imperio de gigantescas dimensiones y mantuvieron su hegemonía hasta inicios del siglo xix. Durante su gobierno absolutista se llegó a los más grandes extremos de refinamiento y de violencia.

         Babar (1483-1530) fue el primero del linaje. Era descendiente de Timur Lang (Tamerlán). En 1525 marchó sobre Delhi con un ejército de 12.000 hombres y se aseguró el control del norte de la India. Sus sucesores convertirían estas tierras en uno de los más grandes estados centralizados de la historia mundial. Su población llegó a exceder los 150 millones, por lo que el imperio mogol sólo se vio superado por el de China.

         Puesto que el gobierno de las minorías musulmanas había sido la norma, los hindúes aceptaron la legitimidad del poder islámico. Los príncipes hindúes, ahora tributarios, aceptaron el imperio a cambio de seguir manteniendo prerrogativas en sus feudos.

         Los impuestos eran elevados. Con estas riquezas se desarrolló una cultura cortesana muy sofisticada que polarizó las diferencias entre los gobernantes musulmanes y la población hindú.

         Humayun, hijo de Babar, continuó las conquistas de su padre con un ejército moderno. Sus victorias se debieron a mejores técnicas militares y al uso de arqueros a caballo. Ha pasado a la historia como patrocinador de las artes. Tuvo fama de justo y generoso, así como de poeta y pintor. A su muerte le sucedió su hijo de trece años, que recibiría el sobrenombre de Akbar, que en árabe significa «el grande». Durante los cincuenta años de su reinado el imperio mogol llegó a su máximo apogeo.

         El joven rey mando asesinar a su regente, para poder gobernar con independencia. Dividió el gobierno en cuatro departamentos: financiero, militar, interno y religioso, consiguiendo un control estratégico sobre los asuntos públicos, mediante la creación de un servicio estatal unificado de funcionarios.

         Akbar llegó con sus conquistas hasta la meseta del Deccan. Extendió los límites de su imperio con una continua actividad diplomática, llevando a cabo un programa de reforma administrativa sin precedentes. Consiguió el apoyo de las clases militares y de los terratenientes, atrajo a su corte a la nobleza persa, hindúes, asegurándose los servicios de los hombres más capaces de su tiempo.

         Hubo de sofocar bastantes revueltas, dado lo amplio de su territorio. El alto grado de centralización de su gobierno se deduce de la facilidad con la que se recaudaban los impuestos. Nueve partes de ellos se dedicaban a gastos militares. Se trataba de una cultura guerrera, en conflicto dentro de sus fronteras

         Sin embargo, se recuerda a Akbar como un rey justo, pues no hizo distinciones entre sus súbditos. Permitió a los clanes Rajputs hindúes mantener sus costumbres e incluso participar en las tareas de gobierno. Además, eliminó el jizya, impuesto especial que debían pagar los no musulmanes. Esta medida, que implicaba la abolición de toda distinción civil entre musulmanes e infieles, le granjeó las simpatías del pueblo y el resentimiento de la minoría ortodoxa.

Pese a ser analfabeto, Akbar sentía mucho respeto por el saber y fue un gran patrocinador de las artes. Apoyó al movimiento bhakti o místico hindú, que dio grandes obras literarias.

         Emprendió también reformas económicas, construyó puertos y mejoró las carreteras y los sistemas de comunicación.

         El hijo de Akbar, Jahangir, ascendió al trono en 1605. Su reinado vio la necesidad de una constante vigilancia política y militar. Este periodo fue una extensión del reinado anterior en lo relativo a la pacificación del imperio. En lo religioso, Jahangir no permitió excesos, aunque se opuso en parte al surgimiento de la fe sikh.

         Se le criticó por su afán de lujo, así como por su desmesurada afición a la bebida.

         El príncipe Khurram consiguió ascender al trono en 1628, con el título de Shah Jahan [Emperador del universo]. Es famoso en la historia por la construcción del mausoleo del Taj Mahal, a la memoria de su esposa, Mumtaz.

El monarca se dedicó a consolidar el dominio mogol y consiguió obtener casi el doble de los ingresos estatales habituales.

         Su época se caracterizó por una ortodoxia más cercana a las enseñanzas suníes. Implantó la sharia [ley islámica] en lugar de su juicio personal como emperador. Mandó demoler muchos templos hindúes. Popularizó algunas festividades musulmanas y apoyó a los teólogos de su religión.  

         Shah Jahan fue el prototipo de la cultura cortesana. Su fama se basa en las enormes sumas que empleó en la construcción de edificios. Él fue quien estableció la capital en Delhi. En 1657 enfermó y sus cuatro hijos comenzaron a luchar entre sí por la corona, haciéndole prisionero.

         Su tercer hijo, Aurangazeb, subió al trono en 1666. Su reinado estuvo lleno de acontecimientos. Bajo su gobierno el imperio se convirtió en un estado islámico cuyo objetivo era el beneficio de la comunidad de los creyentes. Supeditó así la estabilidad política al celo religioso.

         Aurangazeb fue un hombre extremadamente ortodoxo. Reinstauró el impuesto para los no musulmanes y prohibió oficialmente la religión hindú.

         El nuevo emperador se dedicó a pacificar el país. Durante veinticinco años sostuvo una batalla continua, con gran pérdida de hombres y riquezas. Murió en campaña en 1707.

         A su muerte la economía se hallaba muy mermada y los impuestos eran insuficientes. Los reinos hindúes en estado de vasallaje se habían fortalecido y varios de ellos consiguieron hacerse independientes. El imperio se desintegraba y las guerras de sucesión y las invasiones extranjeras provocaron una situación de anarquía que sus sucesores inmediatos (Bahadur Shah, Jahandar Shah) no pudieron revertir.

Estas incursiones acabaron por desestabilizar y debilitar el imperio. A medida que el poder de los mogoles disminuía, aumentaba el de los británicos, que acabarían por hacerse con el control de la India.

         Durante esta dinastía, la India estuvo adecuadamente administrada. La maquinaria estatal se hallaba respaldada por nobles cortesanos, entre los que se contaban hindúes, que constituían un tercio de la nobleza. Esta clase social vivía en medio de un desmesurado lujo y no eran extraños los conflictos armados entre los nobles.

         El emperador poseía directamente gran cantidad de tierra. Los feudos eran hereditarios y los nobles sostenían sus propios ejércitos y recaudaban sus impuestos. Existían también jefes locales, vasallos del emperador pero con un alto grado de independencia. No era rara la explotación del campesinado, en una situación semejante a la de los siervos de la gleba en Europa. La mitad de las riquezas de la nación provenían de los impuestos sobre la tierra.

         El imperio se hallaba dividido en provincias. Había muchas ciudades, tan grandes como las europeas de su tiempo. La población en los siglos xvi y xvii osciló entre los 125 y los 145 millones.

         El país se especializó en la producción de textiles de algodón, seda y lana. También progresó la industria de los brocados y la joyería. Los mercaderes occidentales fomentaron el cultivo de especias. La economía fue razonablemente próspera durante el siglo xvii y no se estancó hasta finales del xviii.

         Los monarcas mogoles edificaron fuertes, palacios y tumbas, aunque su logro más destacado fueron los jardines, con abundantes corrientes de agua. También patrocinaron otras artes. Se crearon diversas escuelas de pintura mogol especializadas en miniaturas e ilustraciones de libros. En ellas se recogió una amplia temática tanto hindú como musulmana, con escenas cortesanas, de caza, retratos, etc. La música se desarrolló bastante en este periodo. Las cortes mogoles vieron el surgimiento de una variedad de música clásica denominada Hindustani, de características persas. Se popularizaron los recitales y las competiciones entre músicos, tanto vocales como instrumentales, así como los certámenes poéticos.

         Se creó una red de escuelas donde se enseñaba la lectura, la escritura y las matemáticas. La educación secundaria y superior era principalmente de índole humanística: lengua, historia, literatura y religión.

Se publicaron numerosos libros tanto en sánscrito como en hindi y otras lenguas vernáculas. El persa empleado por la nobleza cortesana se fusionó con el hindi, creándose el urdú, una lengua de estructura sanscrítica, con sustantivos y adjetivos de origen árabe y persa, escrita en forma aljamiada. Los mismos monarcas solían escribir sus memorias y las crónicas de sus reinados, así como libros de otros temas como zoología, botánica, etc. Las obras clásicas de la India se tradujeron al persa y se difundieron por el mundo islamizado.

 

EL ASESINATO POLÍTICO

 Los emperadores mogoles tenían diversas esposas y una numerosa descendencia. No había reglas escritas respecto al derecho de primogenitura de los príncipes para acceder al trono: era tan sólo una tradición que no se respetaba la mayoría de las veces. Era habitual que, en los últimos años de la vida de un rey, sus hijos se prepararan y buscara aliados para asegurarse el trono mediante la fuerza, amenazando la supervivencia del estado. Fueron frecuentes los asesinatos entre hermanos, las guerras civiles y las revueltas, generalmente sofocadas por el poder real mediante un gran despliegue de medios y con cruentas represalias.

La sublevación estaba penada indefectiblemente con la muerte, pese al cercano parentesco que pudiera existir. Las ejecuciones eran públicas y las llevaba a cabo un elefante al que le se tapaban los ojos y que aplastaba con su pata la cabeza del reo.

 

LA INVENCIÓN DE UNA NUEVA RELIGIÓN

 En materia de fe, el emperador Akbar se mostró independiente. Necesitaba a las elites religiosas para gobernar, pero no se sometió a ellas. Se alejó de las prácticas islámicas convencionales y dejó de enviar peregrinajes oficiales a La Meca. Se desposó con princesas hindúes. Empezó a adorar al Sol en una serie de innovadores rituales y se abstuvo de la carne y el alcohol. Consultaba a maestros espirituales de todo signo, de los que gustaba rodearse. En los debates teológicos permitió la participación de todos y llegó a diseñar una nueva religión.

Esta fe, denominada «Din-i-Ilahi» [Fe divina], fue una forma de sincretismo destinada a unificar a hindúes y musulmanes, tomando lo mejor de ambas religiones, y con influjo del sufismo. Esta forma religiosa desapareció con su muerte, aunque supuso un precedente muy positivo en la integración hindú-musulmana posterior.

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