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Religión

Las sectas vishnuitas (Enrique Gallud Jardiel)

LAS SECTAS VISHNUITAS

Enrique Gallud Jardiel

 

 

          Los seguidores de Vishnu reciben el nombre de vaishnava, voz sánscrita que significa «vishnuita», relativo al dios Vishnu. El vishnuismo se caracteriza en términos generales por unir los conceptos de jñâna (conocimiento) con bhakti (devoción). Sus sectas son más modernas y mucho menores en número que las de la rama shivaíta y contienen un elemento ascético notoriamente inferior. Los textos denominados samhitâ («colecciones») son los que más datos aportan sobre estas formas de religiosidad.

         Dentro del vishnuismo existe una variedad de sectas que adoran a la divinidad bajo un aspecto individual concreto. Tal es el caso de los vârikari, que honran a la deidad bajo el nombre de Vitthal o Vithobâ y en su forma de devoción por Krishna no dan importancia a su favorita Râdhâ, sino a Rukminî, su esposa legítima. Están también los râmâvata, adoradores del príncipe Râma, séptima encarnación de Vishnu. Esta secta fue creada por Râmânanda en el siglo XV. Este filósofo fue el primer maestro que sustituyó el culto de Krishna por el de Râma y de Sîtâ. Otras variedades son los sankarshana (devotos de Balarâma, hermano de Krishna y encarnación parcial del dios) o la secta denominada mahânubhâva, fundada por Chakradhara en el siglo XI y extendida principalmente por el estado de Mahârâshtra, que únicamente reconoce la divinidad de Krishna. Sus seguidores visten con ropajes oscuros, como forma de respeto al nombre de su dios, que significa «negro».

          Son más frecuentes, sin embargo, las sectas que se centran en la pareja cósmica y en la relación amorosa como símbolo de la fusión de los principios masculino y femenino, que dan lugar al universo. Así tenemos a los râdhâvallabhî, que adoran a la pareja Râdhâ-Krishna como símbolo del amor trascendental, o los shrîvaishnava, que unen el culto de Lakshmî, diosa de la prosperidad, al de su esposo, Vishnu. Esta secta fue fundada por Râmânuja y continuada por Nâthamuni y Yamunâchârya, principales representantes del movimiento bhakti o devoto.

          Puede hablarse de otras corrientes, como la vaikhânasa, con numerosos elementos del brahmanismo védico, o los bâula, una de las más numerosas. Pero las sectas más importantes del vishnuismo son las relacionadas con el bhaktimârga o vía devota para llegar a la fusión con dios. Esta forma de culto la iniciaron los âlvâr, nombre colectivo de un grupo de doce maestros místicos del estado de Tâmil Nâdû, que produjeron una literatura de inspiración religiosa, desde el siglo VI al XI, y que cristalizaría en el movimiento bhakti del XVI, con maestros como Tulasîdâsa (1532-1623) o Ekanâtha (1533-1599), que se dedicaron principalmente a explicar y verter los textos sagrados sánscritos a lenguas vernáculas y a hacer llegar la religión hasta los estratos más bajos del pueblo.

          La más extendida de estas sectas es la denominada gaudîya, del siglo XVI, impulsada por el maestro Krishna Chaitanya. Subrayan la importancia del amor divino y sustituyen la noción de devoción por la de completo abandono en Dios, lo que es suficiente para alcanzar la liberación. Su práctica incluye kîrtana o cantos devotos. Preconiza la hermandad de los seres humanos y se opone al sistema de castas y los rituales brahmánicos.

          Igualmente importante es la secta de los madhva, que reparte su devoción entre las encarnaciones de Râma y Krishna y defiende el dualismo absoluto del espíritu y de la materia. Fue fundada en el siglo XII por el filósofo del mismo nombre.

          Ha de mencionarse asimismo la secta denominada pâñcharâtra, que incluye una tradición de Tantra. Se desarrolló a partir del siglo II y se relaciona particularmente con la teoría de los vyûha o manifestaciones de Vishnu, creadoras del universo. Enumera cinco reglas devotas que son también formas de culto: abhigama o adoración formal en el templo; upadâna o colecta de los materiales necesarios para la adoración; ijyia, la adoración concentrada; svadhyâya o repetición de la invocación principal al dios; y yoga, la meditación que debe finalizar con la unión con dios.

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