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Política

La visión sobre India y China de Rabindranath Tagore (Nirupama Rao)

LA VISION SOBRE INDIA Y CHINA DE RABINDRANATH TAGORE

Nirupama Rao

 

 

En la actualidad se da un interés renovado por Rabindranath Tagore a medida que nos vamos preparando para celebrar el 150 aniversario de su nacimiento. En el año presente también hará 87 años desde que Tagore se embarcó en su memorable visita a China. Fue a China portando un mensaje de amor y hermandad que para él simbolizaba la esencia de los vínculos entre los dos países. Por lo que sabemos, su visita capturó la imaginación de la élite intelectual china, algunos de los cuales quedaron admirados por su elocuencia y su apasionada defensa del vigor de la civilización oriental, mientras que otros, particularmente estudiantes jóvenes de algunas de las principales universidades chinas, influenciados directamente por la ideología del movimiento del 4 de mayo de 1919, expresaron con vehemencia su rechazo a la crítica de Tagore contra la civilización moderna.

          Incluso antes de su llegada a China en abril de 1924, Tagore ya era una figura reconocida en ese país. Chen Du Xiu, uno de los padres fundadores del partido comunista de China, tradujo Gitanjali, la premiada antología de Tagore, en fecha tan temprana como 1915. Durante la estancia de Tagore en China el reputado erudito chino, Liang Qichao, le dio el nombre chino, Zhu Zhendan, que significa «trueno de la aurora oriental». Tagore se emocionó profundamente.

          Creía sinceramente en el beneficio mutuo de una relación dinámica entre las dos grandes civilizaciones de China e India. Abogó apasionadamente por la reapertura de relaciones entre los dos países, que habían quedado congeladas desde hacía siglos. Su universidad internacional, Visvabharati, desempeñó un papel pionero en el desarrollo de los estudios de sinología en India. La fundación de la primera Sociedad Cultural Indo-China, y posteriormente, de Cheena Bhavana (Departamento de chino) en Santineketan fueron pilares fundamentales para esta causa. Eruditos, profesores como Tan Yun-Shan, quien dirigió Cheena Bhavan durante muchos años, contribuyeron a una mejor comprensión en la India contemporánea de la civilización china y su desarrollo moderno.

          El deseo de Tagore de fraternidad entre India y China sirvió de gran fuente de inspiración para nuestro Primer Ministro, Jawaharlal Nehru. Creía en los fuertes vínculos de las civilizaciones de los dos países que históricamente los habían aproximado. Este vínculo civilizatorio también inspiró Panchsheel o los cinco principios de coexistencia. También es notorio que desde hace muchos años, Tagore y Nehru han sido considerados entre los cincuenta principales extranjeros que han contribuido más a dar forma al desarrollo de la China moderna.

Tagore fue un visionario, siempre miró hacia delante. En una de sus conferencias en China en 1924, afirmó: «Tengo la esperanza de que entre vosotros aparezca algún soñador y predique un mensaje de amor que, anteponiéndose a toda clase de diferencias, cruce al abismo de pasiones que ha ido ampliándose desde hace demasiado tiempo». Estas palabras rotundas fueron dirigidas a los pueblos de China e India, invitándoles a forjar un entendimiento mutuo más sólido. Al hablar de la necesidad de «revelar una relación jubilosa eterna e imprevista», trataba de promocionar la causa del mejor entendimiento entre China e India, vislumbrando el ascenso de India y China hacia un grado más alto de liderazgo civilizatorio y de relaciones de fraternidad, teniendo en cuenta que la población de ambos países supone el 40 por ciento de la humanidad. Según su opinión, no existe una contradicción fundamental entre los dos países cuyas civilizaciones dan énfasis al concepto de desarrollo armónico siguiendo el espíritu de vasudhaiva kutumbakam (el mundo es una sola familia) y shijie datong (mundo en armonía superlativa).

          El concepto de Tagore de una relación eterna entre India y China inspiró la visión de amistad indo-china de la década de los cincuenta del siglo pasado. El Prof. Tan Chung, hijo de Tan Yun-Shan, ha formulado la frase ‘paradigma geo-civilizatorio’ para describir la relación entre India y China.

          Creo que el énfasis de Tagore en la identidad única de Asia tiene particular relevancia en la actualidad, siendo nuestro objetivo promover la paz, estabilidad y prosperidad en Asia. De modo instintivo, reflejó el espíritu de una Asia que tradicionalmente ha convivido en paz, estimulado el intercambio de ideas, la absorción pacífica de diferentes religiones sin ánimo de proselitismo, y el comercio a través de océanos no polarizados sino neutrales, literalmente zonas de paz y de un espacio económico común. El secularismo y la complementariedad de intereses definen este enfoque. El concepto de unidad espiritual refuerza este mesurado equilibrio comercial. Sólo hace falta visitar las cuevas de Ajanta o contemplar los murales de Dunhuang en China para apreciar la manifestación, a través de los ojos del artista, de esta visión de unidad, con la representación de varias naciones enviando procesiones reales o postradas de dolor ante la muerte de Buddha.

          En el siglo VIII, un astrónomo indio llamado Gautama Siddhartha, fue nombrado Presidente del Consejo de Astronomía de China. Esta tolerancia y franqueza, falta de prejuicios hacia los extranjeros y forasteros, el espíritu emprendedor y la ausencia de barreras al comercio no tuvo precedentes en la historia del mundo. Creo que a esto se refiere Tagore cuando dijo que deberíamos contar con nuestro pasado como guía para el futuro.

Cuando Tagore visitó China, tanto India como China estaban en los albores de su propia y distinta revolución. En algún sentido, Tagore, con el amor de poeta por la belleza no fue consciente de la visceral repugnancia entre las élites intelectuales de China por el confucianismo y la cultura tradicional en una atmósfera políticamente cargada. Su visión era de largo plazo y de índole civilizatoria, antes que efímera, aproximando los contactos culturales milenarios entre India y China, en los que encontró un modelo valioso para la preservación de la manera de ser asiática, que prima los valores de la armonía y la coexistencia. Esta es la razón por la que interpretó su invitación a visitar China como una invitación de China a India antes que a un individuo en particular, y la «aceptó como humilde hijo de India».

          No se debería subestimar la importancia de la influencia de Tagore para la restauración de las relaciones entre India y China, debido a que se habían marchitado tras el fin de la dinastía de Song y especialmente después de la llegada de los europeos. Es significativo que todos los intercambios entre India y China con impacto duradero hasta ese momento fueran por parte de personajes religiosos. Tagore fue el primer pensador de la India moderna que fue invitado por la élite pensante de China, junto a figuras como John Dewey y Bertrand Russell, cuando los chinos se desvivían por la cuestión del lugar de China en el mundo moderno. En India, que también estaba enfrentándose a influencias y presiones de tipo diferente, Tagore trató de revivir el espíritu de unidad con China y relanzar la comprensión de este gran país, siendo pionero de los estudios modernos sobre China y estableciendo contactos con notables personalidades chinas.

          Incluso si la apuesta por China de Tagore no logró la respuesta pretendida durante o inmediatamente después de su visita, con el paso del tiempo su enfoque tiene un carácter profetice. En ese momento histórico, Tagore afirmó en su conferencia final en China, «He hecho lo que era posible: he hecho amigos». Sin embargo, no solo se trataba de la amistad entre el poeta y sus seguidores en China, en muchos sentidos constituyó un símbolo de la renovación de la amistad entre India y China y un despertar de su potencial. Por ejemplo, exactamente tres décadas después, India y China propiciaron la iniciativa Panchsheel, apelando a sus valores civilizatorios.

          No puedo dejar de pensar en cómo la visualización más evocadora de la sinergia entre India y China a menudo ha surgido de nuestros amigos del Sudeste de Asia. En este sentido, Singapur ha jugado un papel prominente. Fue en Singapur que Tan Yun-Shan conoció a Tagore y ahí se decidió a acompañarlo a Shantiniketan cuando se estaba fundando Cheena Bhavana. Los comentarios y análisis comparativos más incisivos sobre la China e India moderna son fruto de nuestros amigos de Singapur. Y, probablemente es aquí en Singapur donde se puede entender mejor lo imperativo que es establecer un diálogo más próximo e interacción pacífica entre India y China.

          El encuentro de Tagore con China no culminó con su viaje en 1924. La idea de India y la idea de China —civilizaciones que nunca pueden perecer— fueron principios guía para líderes como Nehru. Hasta el desafortunado conflicto fronterizo de 1962, el concepto de relación fraternal entre India y China nunca fue cuestionado. El distanciamiento de la década de los sesenta y principios de los setenta expresó una aberración que iba contra la esencia de las inspiradoras palabras de Tagore y su creencia en el paradigma geo-civilizatorio de las relaciones entre India y China. Éste es un modelo válido para Asia y, a medida que lo vemos resurgir de nuevo, buscamos crear estructuras de diálogo y patrones de cooperación abiertos, transparentes, equilibrados e igualitarios entre todas las regiones de nuestro continente.

          En el mes de mayo pasado el Presidente de India, inauguró una estatua de bronce de Tagore en el cruce de las calles Nanchang Road y Maoming Road, muy cercano al lugar donde alojó en la casa del joven poeta Xu Zhimo durante una breve escala en Shanghai durante su viaje a Japón y Norteamérica en 1929. El evento fue en reconocimiento de la inestimable contribución de Tagore a la resurrección de la amistad tradicional entre India y China. El mes pasado, durante la visita a India del Primer Ministro Wen Jiabao, el gobierno indio anunció que el estudio del chino se iba a incluir en el programa de las escuelas secundarias de todo el país. Tagore se sentiría entusiasmado con esta resolución de promover el estudio científico de China a través de su lengua.

          En muchos sentidos, el proyecto de la Universidad Nalanda, surgido como resultado de las decisiones tomadas en la Cumbre del Este de Asia, es una expresión de este espíritu. El camino hacia Nalanda, proveedora de educación y conocimiento, se hace eco de los amortiguados pasos de aquel periodo de historia compartida entre India y China cuando las tradiciones de la peregrinación budista y la búsqueda de la erudición definían el interés mutuo entre ambos países. De hecho, la base de conocimientos de la obra del monje de la dinastía Tang Viaje al oeste viene a ser un rastro que conduce a Nalanda. La tradición de Nalanda no sólo incluye a monjes como Faxian, Xuanzang y Yijing, sino también a otros monjes y eruditos, prominentemente entre ellos Kumarajiva, a quien tanto India como China reclaman como su propio digno hijo.

          En el siglo presente, el gobierno de India pretende revivir Nalanda como centro de intercambio cultural y sabiduría entre el este, sudeste y sur de Asia. El grupo mentor de Nalanda, encabezado por el Dr. Amartya Sen, ha trabajado para materializar la visión de una universidad esencialmente global, una mezcla holística de lo viejo y de lo nuevo, del pasado, presente y futuro. De nuevo, Tagore habría celebrado este acontecimiento con felicidad genuina y espontánea. Esta universidad está abierta a los Xuanzangs y Bodhidharmas modernos de ambos países y, de hecho, del resto de Asia, de manera que se reviva de nuevo este encuentro antiguo con toda su relevancia y significación. Apreciamos profundamente el hecho que la comunidad budista de Singapur ofrezca la contribución financiera de 5 millones de dólares a la biblioteca de la Universidad de Nalanda. En diciembre de 2010, el Primer Ministra Wen Jiabao anunció una contribución de 1 millón de dólares para la Universidad de Nalanda.

          A fin de cuentas, Tagore fue un destructor de barreras, y en este sentido pertenece plenamente al siglo XXI. Inspirados por su ejemplo deberíamos superar todo nacionalismo de definición estrecha o circunscrito a una apreciación limitada de las bajas y altas de la marea de la historia. Que el sentido común y la racionalidad deben prevalecer en los debates y encuentros de países como India y China es un principio que nadie puede obviar. El nacionalismo de Tagore no se oponía en absoluto a un internacionalismo más amplio. Este es un mensaje para la juventud de China e India. Dejemos que su relación florezca en el amrakunj —el bosque de mangos— como aquella de Shantiniketan, un campo de inspiración, donde sus personalidades se desarrollaron en armonía con el entorno.

          El Primera Ministra Wen Jiabao, durante su visita a Delhi en diciembre de 2010, habló ante un conjunto de personalidades del ámbito académico, de la cultura y de los medios de comunicación sobre cómo mejorar las percepciones que tienen de si chinos e indios. Se concluyó en la necesidad de adoptar un enfoque inclusivo y plural dada la naturaleza multi étnica de ambas sociedades. El Primer Ministro Wen también se refirió a la necesidad de que ambos países evolucionen como núcleos de creatividad, además de ser motores del crecimiento económico.

          India y China comparten lo que se denomina relación estratégica y de cooperación para la paz y prosperidad de nuestro tiempo. Particularmente en la última década, sus relaciones han crecido en múltiples aspectos. Estas dos grandes economías de Asia interactúan con mayor intensidad, tanto en términos del comercio bilateral, como en asuntos concernientes a la situación económica global. Los dos gobiernos han decidido instituir un diálogo económico estratégico como medida para gestionar la complejidad y sofísticación creciente de su diálogo sobre cuestiones económicas.

Es una verdad obvia que entre dos países tan grandes como los nuestros, las relaciones son complejas y sufren continuos focos de divergencia. Tenemos el reto de trabajar para una mayor convergencia y establecer puntos de acuerdo. Creo que lo básico es establecer un diálogo más profundo definido por una mayor transparencia, y por el entendimiento de la relevancia e importancia de las palabras de pensadores como Tagore, teniendo en cuenta que una relación conflictiva o de enfrentamiento entre India y China no puede ser buena para nadie, que la paz y estabilidad en el siglo de Asia será fruto de la fuerza y consistencia de la interacción productiva entre los dos países.

          El concepto de Zhongguo-Yin Da Tong o «Gran Armonía entre India y China» puede describir el futuro de nuestras relaciones, si empleamos no sólo nuestras complementariedades en crecimiento y desarrollo económico sino también nuestro gran potencial en cuanto a valores culturales y civilizatorios, para que emerjamos como núcleos de creatividad e innovación, y establezcamos un nuevo paradigma adecuado a la ecuación India-China.

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