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Literatura

Emilio Castelar y los sueños de una doctoranda india (Debarati Byabartta)

EMILIO CASTELAR Y LOS SUEÑOS DE UNA DOCTORANDA INDIA

Debarati Byabartta

¡Cómo me encantaría leer a Aristóteles, al Dante o a Petrarca en una tarde soleada de invierno, sentada a la orilla del río Manzanares! Soy clasicista, me encantan el helenismo y el mundo clásico greco-romano y, por lo tanto, soñé un día con aprender español, mi llave dorada para poder entrar en el encantador mundo clásico de la filosofía y la literatura.

¿Aprender español? ¿Pero cómo y por qué? ¿Solamente porque me siento apasionadamente atraída por la literatura y filosofía clásicas? Era algo inimaginable en la sociedad india donde ya estaba trabajando, ganándome la vida más o menos bien, tratando de negocios donde no tenía nada que ver con la filosofía ni la literatura. Mi mundo se construía sobre estrategias para ganar más y más dinero, las paredes de mi alrededor estaban hechas de monedas y billetes. La gente se reía mucho de mí, especialmente cuando luchaba por y para mí pasión, quiero decir, el español. Dejaba los trabajos, luchaba con la gente si me pedían que dejara el español y borrara el sueño para siempre. Estaba fatigada, estaba hartísima y decidí un día: ¡voy por el español! ¡Me llama el mundo clásico, casi me grita en mis oídos y en mis sueños! Dejé el trabajo un día y me sumergí en el mundo de la lengua y la literatura españolas. ¡Qué alivio, pero qué gran riesgo! No tengo trabajo ni tengo dinero, mis seres queridos se quedaron mudos... y yo estaba arriesgándome para vivir mi vida de gran pasión, o sea, una vida de gran locura desde el punto de vista de mi sociedad.

El español era y es lo máximo para mí. Pero ¡Dios! ¡Qué profundo era el mar, ¿no?, el océano del conocimiento! ¿Cómo voy a poder alcanzar todo? ¡Necesito más de una vida, creo firmemente! Un diploma de español no me vale, ni me vale estar en mi ciudad, Kolkata, donde hay limitaciones. Necesito moverme, pero ¿adónde? ¡Ah, por cierto! ¡A Nueva Delhí, la capital de mi país! Un máster me puede ayudar mucho. Pero las oportunidades eran pocas y mis sueños eran gigantescos... pero ya había dejado el trabajo y ¿qué me importa si trabajo todo el día sobre español y su mundo cultural y literario? No salgo ni disfruto de mi vida sino que disfruto de las olas y de las profundidades de ese mar magnífico que se llama español. Así era mi vida, tranquila pero alborotada al mismo tiempo.

Dios es grande... lo creo profundamente. Nueva Delhi me aceptó y saqué las mejores notas en el examen y entrevista cuando solicité el máster: y allí estaba un día, en la universidad de mis sueños, Jawaharlal Nehru (JNU), en el año 2006. Había empezado la gran lucha de mi vida.. El máster era como pesadilla, estaba compitiendo con veinte alumnos más que ya sabían y conocían el idioma y sus complejidades mucho mejor que yo, porque ya habían hecho un grado; además, muchos sabían otras lenguas como portugués e italiano... ¿Qué hago, Dios? ¡Ayúdame! Había el mismo grito en mis oídos: ¡viva la pasión! y ¡a trabajar duro! Otra vez no como, ni duermo, ni salgo, sólo nado en el Mare Nostrum.

Dios de verdad es grande. Dos años de trabajo duro y saqué las mejores notas de nuevo en el examen final del máster en 2008. La universidad me otorgó el mejor premio del departamento, el premio Rafael Imzubieta y ¡qué amabilidad de Dios! ¡Conseguí la beca de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Ministerio de Asuntos Exteriores, Gobierno de España) el mismo año! ¡Una de las más prestigiosas del mundo español! ¡Y eso para hacer un doctorado en literatura española! ¡Qué suerte, Dios, y cómo me ha bendecido! ¡No sé cómo agradecérselo porque ya quería salir de la India en mis sueños y en la profundidad de mi alma, ya quería vivir en un país de lengua castellana y no podría haber mejor opción que España y Madrid! La Universidad Complutense de Madrid... la mejor universidad pública de España, la universidad que otorgó el título de Doctor de Ciencia (Honoris Causa) a Albert Einstein, la universidad de José Ortega y Gasset, de Francisco de Quevedo, de Francisco de Ayala, de Mario Vargas Llosa, de Federico García Lorca, de José María Aznar, de Adolfo Suárez, de Emilio Castelar y Ripoll, de Camilo José Cela, de José Echegaray y Eizaguirre, de María Zambrano, de Luis Buñuel, de Alejandro Amenabar... Lo clásico y lo contemporáneo... Dios me había bendecido profundamente y me había ayudado a vivir una vida de pasión... Iba a leer filosofía, literatura, todo lo clásico, todo lo contemporáneo. Estaba volando como un pájaro libre con las alas desplegadas en el aire de mi sueño y de felicidad.

1 de octubre de 2008. Mi vuelo tocó tierra en el aeropuerto de Barajas... Estaba en Madrid, en España. No era sueño, era la verdad. ¡Qué alegría! Estaba volando todavía, mis pies no querían tocar la tierra sino querían estar en el aire para siempre... Sin embargo, la alegría no duró mucho tiempo. La universidad casi me rechazó los papeles y pidió mucho más papeleo para poder matricularme; me obligó a hacer un máster de dos años que fue una gran pesadilla. Todo el mundo hablando en español en distintos acentos y con distintos vocabularios, quince asignaturas de distintos tipos en un plazo de dos años, noventa créditos, exámenes parciales, artículos, ensayos... Estaba completamente hundida... Papeleos y más papeleos, reglas y normas, comisaría y extranjería, citas y papeleos de nuevo, tarjeta estudiantil, tarjeta de residencia, pasaporte, visado y no sé qué más... Por las mañanas no podía despertarme ni quería, porque me parecía que iba a suspender seguramente incluso en mis sueños... Quince profesores, veinte alumnos, casi todos españoles, hablando en maneras distintas. Y sabían mucho, mucho, muchísimo más que yo... ¿Bendición de Dios? No, me parecía que estaba en el infierno. Dios me había maldecido. ¡Este máster era la cruz de mi vida! ¡Y eso cuando tenía una beca para hacer un doctorado y el sistema español me había obligado a hacer un máster de dos años de noventa créditos! ¡Maldita sea la hora cuando mi avión tocó la tierra de España! Pero todas las pesadillas tiene un fin... Creí en eso y acabé el máster por fin en 2010, con un notable escrito en mi certificado. Me da risa cuando veo que hay asignaturas en que saqué un aprobado y hay asignaturas en qué saqué sobresalientes y matrícula de honor... Así es mi vida, trazada con pinceladas de contradicciones.

Por fin, llegó la hora de solicitar el doctorado e inscribirme en la universidad... Año 2010, mes de octubre... Pero Dios quería probarme más... Estaba al punto de inscribirme cuando enfermó mi tutor, estuvo de baja y no quiso trabajar más... Fue un día antes de la fecha tope... No pude aguantar más y lloré toda la noche, pero al mismo tiempo hablé con todos los profesores posibles de mí universidad y les escribí... Recibí una reacción mixta pero, por fin, dos profesores de mi departamento tuvieron mucha amabilidad y me aceptaron como alumna. Mi tesis estaba registrada en la secretaría y yo tuve un alivio profundo.

A luchar de nuevo... Me llama el mundo helénico y clásico, lo greco-romano, lo medieval... Pero estaba buscando algo novedoso al mismo tiempo. ¿Sobre quién puedo trabajar? Tenía varias sugerencias y por fin me decidí a llegar por el camino de las novelas históricas escritas por Emilio Castelar y Ripoll, el famoso político-orador gaditano, último presidente de la primera república de España, famoso profesor de filosofía de la Complutense quien se doctoró en la misma universidad en filosofía y leyó su tesis doctoral sobre Lucano (Lucano: su vida, su genio, su poema). ¿Y por qué Emilio Castelar? ¿No era un político más que un literato? Sí; le elegí porque quería trepar por una escala desconocida. Me sumergí en el océano clásico por fin porque me di cuenta que Castelar era un gran clasicista, un gran helenista. Ya encontré mi camino. Era duro pero novedoso y muy, muy curioso... Un gran orador que escribió muchos prólogos, artículos, ensayos y, por supuesto, novelas que llevan el sabor del siglo xix... ¿Romántica? ¿Realista? ¿Naturalista? ¿Espiritualista? ¿Modernista? ¿Regeneracionista? ¿Decadentista? ¿Cómo clasificó sus novelas? ¿Y sus pensamientos y puntos de vista? ¿Qué pensaba él a la hora de escribir novelas? ¿Era un escritor más de su época o sus escrituras tenían algo especial? ¿Era medievalista o era helenista y clasicista en el fondo? Se me ocurren muchas preguntas y necesito tiempo para buscar las soluciones... Pero ¡maldito sea el momento en el que el ministerio decidió que no me iba a renovar la beca más! ¿Qué hago entonces? ¿Dejo la lucha y vuelvo a mi país? ¿Dejo la pasión que me había traído hasta aquí? Mi Dios y mi alma dicen qué no. Pero todavía tengo la esperanza de una respuesta concreta.

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