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Historia

Magadha: la duda de Alejandro Magno (Carlos A. Font)

MAGADHA: LA DUDA DE ALEJANDRO MAGNO

Carlos A. Font

 

 

“Se decía que el país allende el río Hífasis era fértil, que los hombres eran eximios agricultores y valientes en la guerra. También afirman los informes que los hombres de aquella tierra poseían un número de elefantes que excedía por mucho al de los demás indios...”

                                                                                           Arriano, Anábasis. Capítulo XXV. Libro V.

 

Las gestas guerreras del rey macedonio, Alejandro Magno (356 a.C- 323 a.C) son bien conocidas por el público en general. En poco más de una década Alejandro de Macedonia conquistó, sometió o avasalló territorios ingentes que formaban, prácticamente, todo el mundo conocido en la Antigüedad: Grecia, Egipto, Mesopotamia, Persia... pero faltaba un jalón en esta ejecutoria guerrera que no parecía conocer la derrota: India. Como historiador siempre me llamó más la atención las correrías de Alejandro Magno y sus tropas por el norte de India que otras campañas más publicitadas como la derrota del rey persa Darío III o el peregrinaje al oasis de Siwa (Egitpo) para proclamarse hijo de Amón-Ra.  Alejandro Magno ejercía la máxima representación de la cultura helénica fundando ciudades griegas por las tierras que iba atravesando (las llamadas “Alejandrías”) y tras la ardua campaña por la Bactriana y la Sodgiana (actual Asia Central) se prestaba a continuar su campaña por tierras nunca antes pisadas por un griego y solo conocidas, remotamente, por la mitología. India es sinónimo de exotismo y aventura para cualquier occidental  pero en aquellos entonces suponía una expresión vaga que encerraba la anecúmene (lugar desconocido o deshabitado) más flagrante de la cosmovisión griega. Los soldados macedonios se encontraron con un paisjae muy distinto hasta los entonces pisados por sus sandalias. Las imponentes cumbres heladas del Hindu Kush revelaban una geografía desafiante e inclemente. Después de cruzar las altas montañas los expedicionarios se adentraron por el valle del Indo, epicentro de una de las civilizaciones más antiguas y misteriosas de la Historia de la Humanidad. El río Indo, comparable a sus hermanos fluviales como el Nilo,el Tigris, el Éufrates o el Yangtsé, se abría con casi unos diez kilómetros de anchura donde asomaban violentos torbellinos. Las crecidas de este río eran muy marcadas y en sus aguas abundaban peces enormes y fieros cocodrilos. En aquel momento el valle del Indo tenía una cubierta forestal y acuífera que hoy ha desaparecido puesto que en sus orillas apacentaban rinocerontes y en sus bosques se ocultaban tigres y leopardos. La variada fauna salvaje india deslumbró a los macedonios como su primera impresión de algunos monos y primates. Pero los animales más impresionantes e intimidantes que jugaron un factor decisivo en la retirada de los ejércitos de Alejandro Magno de la India fue el elefante. Las tropas de Alejandro Magno ya habían tenido enfrentamientos con estos colosos animales en la batalla de Gaugamela (actual Irak) donde formaban parte del ejército persa de Darío III. Los quince elefantes que Darío presentó en batalla, en el centro del ejército persa, causaron entre los soldados macedonios un gran impacto hasta el extremo que Alejandro sintió la necesidad de hacer un sacrificio al dios del miedo, Fobos, la noche anterior a la batalla con los persas.

No obstante, esta experiencia no iba a ser la última con estos paquidermos ya que en la primera gran batalla campal en tierras de la India los griegos se iban a enfrentar a un ejército de elefantes más numerosos capitaneados por el rey indio Poros. Poco conocemos de este personaje aunque según los textos clásicos la batalla acaecida a orillas del río Hidaspes,en el 325 a.C en el actual Punyab, fue una de las más duras de la existencia del rey macedonio y a punto estuvo de acabar con su vida. Poros alineó a cerca de ochenta elefantes con sus correspondientes torretas, su mahout (guía) y un guerrero que podía disparar flechas con arco o lanzar jabalinas. Los macedonios y griegos lograron imponerse sobre las huestes indias después de causarles cerca de 12.000 muertos y capturar a numerosos elefantes de guerra que habían traído a la batalla. Tras la batalla del Hidaspes el impulso conquistador del macedonio no decreció a pesar de la pérdida de su querido caballo Bucéfalo que le afectó personalmente. El divino aliento de la Hélade llegó al sagrado y misterioso país del Ganges y éste era el próximo destino de Alejandro Magno. Después del combate contra el rey Poros los soldados macedonios estaban desmoralizados y rehusaban internarse más en la India. No era así el caso de Alejandro quien se disponía a forzar el paso del río Ganges, cuya anchura conocida era de treinta y dos estadios y su profundidad de cien brazas. El Ganges se encontraba a 255 kilómetros del Sutlej y es posible que en la cosmovisión del mundo que tenía Alejandro Magno lo considerase el “Mar Oriental” (actual Bahía de Bengala). Alejandro intentaba, por todos los medios, animar a sus hombres e insuflarles moral. Aún quedaba mucho por descubrir y aún más por conquistar. El historiador griego Arriano pone en boca de Alejandro la siguiente arenga: “Pero si ahora flaqueáis quedarán muchas razas guerreras tras nosotros, desde el límite más alejado del Hífasis hasta el mar Oriental, y también muchas otras entre el mar de Hircania hacia el norte. Existen razones para suponer que si ahora damos la vuelta, el territorio que dominamos y que aún no está consolidado, será imitado a la revuelta por aquellos a quienes hemos reducido. Ningún provecho nos reportarán, entonces, nuestros arduos esfuerzos y precisaremos una vez más incurrir en mayores peligros y trabajos.”

¿Cuál era el motivo para que los soldados macedonios, hasta entonces siempre victoriosos gracias al talento militar de su joven rey, se negaran a obedecerle? La respuesta tiene un nombre propio: el reino de Magadha. Este reino, situado al este del reino de Poros y en las proximidades del río Ganges, está gobernado por la dinastía Nandu. Las cifras que manejaba el ejército del reino de Magadha estremecían de temor a los curtidos soldados de Alejandro: 200.000 soldados de infantería, 80.000 de caballería, 800 carros de guerra y 6.000 elefantes de guerra. Tamaño dispositivo militar aguardaba la llegada de unos exhaustos soldados venidos de Occidente cuya posición en India, alejados de sus bases y desmoralizados, era bastante vulnerable. Quizás si los soldados macedonios hubiesen seguido avanzando se hubiesen dirigido a una matanza de consecuencias incalculables y la Historia hubiera dado un brusco giro.

En un hito de gran trascendencia, Alejandro Magno, general invicto e inflexible con la insubordinación (anteriormente hubo aplastado motines), ante el ruego desesperado de sus soldados de no proseguir, el rey de Macedonia, nuevo emperador de Persia, hijo de Amón-Ra... acató la súplica de sus hombres y dio orden de regresar.

En su fuero interno Alejandro estaba convencido que con su marcha había renunciado al cetro de la India, y así sucedió. Analizando las causas objetivas del temor de los macedonios y griegos a proseguir avanzando en el interior de India tiene su lógica militar. Si el combate contra el rey Poro (victoria pírrica donde las haya), lo habían vencido cuando les había hecho frente con sólo 20.000 infantes y 2.000 caballos qué no habría sucedido al enfrentarse con el reino de Magadha que doblaba e incluso triplicaba esos efectivos. El historiador griego Plutarco en su obra “Vidas Paralelas”, añade veracidad al peligro que les aguardaba a las falanges macedónicas en el interior de la India: “Le estaban esperando los reyes de los Gandaritas y los Preslos, con 80.000 caballos, 200.000 infantes, 8.000 carros y 6.000 elefantes de guerra. Y no se tenga esto a exageración, pues Androcoto, que reinó de allí a poco, hizo a Seleuco el presente de 500 elefantes, y con un ejército de 600.000 hombres corrió y sojuzgó toda la India. Al principio, de enojo y rabia, se retiró Alejandro a su tienda y allí permaneció encerrado, diciendo que nada agradecía lo antes hecho si no pasaba el Ganges, y que miraba aquella retirada como una confesión de inferioridad y vencimiento.”

Los soldados se regocijaron de alegría ante la promesa del regreso y la esperanza de retornar a sus hogares en Grecia o, tal vez, asentarse, en las numerosas Alejandrías que habían fundado en el nuevo imperio que habían creado. La celebración fue prematura ya que en el camino de regreso el ejército fue atacado, constantemente, por insurrectos indios que causaban numerosas bajas. Por ejemplo, en Sangala, en el Punyab, los ataques indios fueron tan feroces que diezmaron la caballería griega obligando a los soldados de Alejandro a combatir a pie. Ante la retirada del ejército de Alejandro Magno de la India fueron otros indios los que conquistaron al reino de Magadha. Chandragupta Maurya (Sandrácoto para los griegos), depuso al rey Mahapadna Nanda de Magadha, creó el primer gran imperio indio. Posteriormente luchó contra los sucesores de Alejandro Magno en el subcontinente indio, Seléuco I, logrando el control de Beluchistán y Afganistán. Para sellar la paz, Seléuco entregó a Chandragupta una de sus hijas como esposa,y el rey indio le entregó unos elefantes de guerra que le ayudaron a éste a ganar la batalla de Ipsos sobre Antígono Monoftalmos.

Finalmente, las campañas de Alejandro Magno en las tierras de la India (valle del Indo y el Punyab) no fueron tan aplastantes como las anteriores. Es curioso que escaseen las fuentes asiáticas para glosar las actividades y movimientos de la expedición alejandrina en tierras indias lo que ha sugerido, en algunos autores, a especular que Alejandro Magno fue, en realidad, derrotado de mala manera en India y obligado a emprender el regreso a Babilonia. El mito que se creó después de la muerte de Alejandro Magno es netamente occidental y, posteriormente, fue agrandado por la propaganda romana (“alexander imitatio”). La campaña india del macedonio fue muy dura, los nativos eran muy resistentes y en el territorio no había un gran reino o autoridad política a la que rendir como ocurrió en Persia. La India, hogar de multitud de religiones, razas y lenguas, siempre se resistió a la unificación política. Ya hemos detallado lo duro que fue el combate contra el rey indio Poros. Si ese encuentro armado fue en los límites de la India de entonces, ¿a qué se enfrentarían más adentro, en las riberas del Ganges donde había ya una civilización india organizada y sofisticada? A los soldados les entró el miedo y la duda y obligaron al rey ordenar el regreso.

Para nosotros Alejandro Magno es un gigante de la historia pero para los indios es un visitante extranjero más, pintoresco pero no decisivo en su historia.

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