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Historia

EL VALLE DEL INDO

Susana Ávila

Cuatro mil años antes de Cristo, poco después de la aparición en Mesopotamia de las primeras comunidades agrícolas, los habitantes del extremo noroccidental de la India llevaron a cabo la gran transición del estado nómada de cacería y recolección de alimentos a la agricultura.

Luego, mil años después, este pueblo produjo una de las primeras civilizaciones que existieron sobre la Tierra: la cultura del valle del Indo, que floreció y permaneció en vigor durante otros mil años, desde el 2500 al 1500 aproximadamente.

El descubrimiento de esta civilización es el triunfo de la arqueología moderna. No fue sino hasta 1922, que sir John Marshall, un arqueólogo que hacía excavaciones en lo que hoy es Pakistán occidental, dio con un puñado de ladrillos y de sellos de piedra que le indujeron a pensar en la existencia de esta cultura y, ayudado por Daya Ram Sahni en Harappa, primera de las ciudades de esta civilización, y por R. D. Benarjee en Mohenjo Daro, publicó sus descubrimientos el 20 de septiembre de 1924 en el Illustrated London News.

El sensacional descubrimiento de estos centros urbanos supuso una conmoción entre los historiadores que se vieron en la obligación de retroceder un par de milenios el comienzo de la historia y en los arqueólogos que se dedicaron a esclarecer nuevos centros sobre un triángulo gigantesco que abarca la parte superior del sistema del río Indo, e incluso también la del Ganges, y se extendía a lo largo de la costa del mar Arábigo desde la actual frontera entre Persia y Pakistán hasta el golfo de Cambay, cerca de Bombay, apareciendo nuevos núcleos agrícolas, puertos marítimos, cerca de un centenar de pueblos y las dos ciudades importantes antes mencionadas.

En el sentido estricto del término, tendríamos que decir que las culturas del Indo pertenecen a la prehistoria, ya que solamente han dejado restos arqueológicos, sin documentos literarios, pero el alto grado de desarrollo de estas culturas obliga a tomarlas en consideración para analizar las raíces culturales de la India.

 

EL NACIMIENTO DE UN CONCEPTO: EL URBANISMO

Lo primero que sorprende de estas ciudades es que no se trata de un crecimiento natural de un núcleo de población que se ha ido congregando, como fue el caso de Ur, la ciudad mesopotámica, sino que responden a un plan de ordenación perfectamente concebido según una base ortogonal.

Las calles de Mohenjo-Daro y Harappa fueron trazadas según un modelo de cuadrícula con rigidez matemática; en la primera de ellas encontramos tres calles principales paralelas, de diez metros de anchura, orientadas de norte a sur y otras dos orientadas de este a oeste, y entre ellas, calles secundarias que se cruzaban en ángulo recto. Sobre semejante disposición urbanística se incluyó los primeros sistemas de saneamiento conocidos, compuestos por una red de cloacas de ladrillo revestido de betún algunas lo suficientemente grandes como para que una persona pudiera caminar por su interior. A intervalos había registros en las alcantarillas para facilitar la labor de los encargados de su mantenimiento.

La ciudad estaba dominada por una ciudadela más alta en la que parece se levantaban edificios de naturaleza religiosa, ceremonial y administrativa, pero no existen restos de ningún palacio o estructura de poder unitario que podía hacer suponer que existía algún personaje que dominaba o que controlaba, sino una serie de edificios que tenían que ver con el control político pero que no se destacaban uno del otro. Por ende en la zona más baja se extendía una amplia zona residencial, con casas construidas de adobe y ladrillo cocido al fuego y donde transcurría la mayor parte de la vida ciudadana.

Las viviendas formaban un sistema cerrado, aisladas de las calles por altos muros sin ventanas, protegiendo a sus inquilinos del ruido y la curiosidad. En el interior había un patio al que se abrían las habitaciones alegres y luminosas. Muchas casas constaban de dos pisos conectados por una escalera. Aunque la ciudad estaba provista de pozos públicos, las mejores viviendas disponían de un pozo privado en el patio, construido como una torre cilíndrica con ladrillos, además de letrinas, lavabos o baños. Las aguas residuales circulaban por un canal recolector, revestido de azulejos que impedían que se filtraran al subsuelo y desembocaban en el eje principal de evacuación de la ciudad.

Aunque sólo se ha excavado aproximadamente una tercera parte del sitio de Mohenjo-Daro, se calcula que este centro urbano se extendía sobre una superficie de 97 hectáreas. A juzgar por el gran número de viviendas exhumadas, se ha calculado que tanto Harappa como Mohenjo-Daro contaría cada una con varias decenas de millares de habitantes.

Entre los edificios públicos que se han podido identificar destaca un enorme granero, un vestíbulo para reuniones ceremoniales y un baño público, quizá de ritual, que debía constituir el centro gubernamental y la sede de la religiosidad. Este Gran Baño o piscina estaba construido en ladrillo cocido y ocupaban una superficie de cerca de cien metros cuadrados. También, en Mohenjo Daro, había un muro que se supone hacía las veces de dique para contener las crecidas del Indo.

 

RECURSOS ECONÓMICOS

Además de por su extraordinaria planificación urbana, la Cultura del Indo se caracterizó por el desarrollo de la agricultura y la ganadería, el nacimiento de pequeñas industrias y, sobre todo, el comercio.

La fertilidad del valle constituyó un magnífico escenario para el desarrollo de la agricultura. Los principales cultivos alimenticios eran el trigo y la cebada, que se sembraban en primavera, cuando las aguas de la inundación retrocedían y crecían con un mínimo esfuerzo. También cultivaban legumbres, dátiles, melones y sésamo. En algunos lugares también se cultivó arroz, pero éste no constituyó base de su alimentación hasta que los asentamientos se extendieron hasta el río Ganges medio y bajo, después del año 1500 a.C.

En cuanto a la ganadería, los hombres de la civilización del Indo conocían una amplia gama de animales domésticos, entre otros, el asno, el buey, el ganado con joroba de la India, el búfalo de río, el elefante, sin embargo desconocían el caballo. Aprovechaban la fuerza de estos animales tanto en el arado como en el transporte de materias primas y bienes destinados al consumo.

La elaboración de objetos manufacturados sí que supone un hito en la cultura del valle del Indo. En primer lugar hay que destacar la fabricación de ladrillos cocidos, base de todas sus construcciones, y que elaboraban de un tamaño estándar, 24 x 14 x 7 cm. La cerámica es otro de los materiales fundamentales y que elaboraron con una gran calidad y rasgos locales propios e inconfundibles.

Además adornaban sus cuerpos con ricos ornamentos de plata y oro, que engrandecían con detalles en marfil y piedras preciosas. Conocían el estaño, el plomo y el cobre que utilizaban para fabricar armas, instrumentos y utensilios. Para fines domésticos hacían vasijas de barro de diversas formas. Hilaban la lana y el algodón. Un fragmento de algodón tejido proveniente de Mohenjo-Daro es la prueba más antigua del uso de los textiles en el mundo.

Esta combinación de agricultura, ganadería, metalurgia y alfarería proporcionó una indiscutible prosperidad a los habitantes del valle del Indo que les abrió la necesidad de comerciar con otros pueblos basándose en el trueque, como indica su sistema de pesas y medidas descubierto a partir de los hallazgos de varios juegos de pesos compuestos de cubos de piedra de diferentes tamaños proporcionales según una escala decimal.

Las causas que dan lugar a un comercio exterior fueron dos: buscar materiales que no se encontraban en el propio territorio y objetos de lujo para la élite, que era quien realmente controlaba este comercio.

El área que participaba del comercio exterior con la zona del valle del Indo era la de la península arábiga, sobre todo sus zonas costeras, Mesopotamia y el actual Irán. Documentos sumerios y acadios que registraban el comercio de oro, ébano y cornalina, identificaban éstas como procedentes de esta región. Las evidencias más claras de este contacto externo son el descubrimiento de artefactos típicamente harappienses en Omán como la cerámica o sellos de bronce.

Los mayoría de los productos con los que se comerciaba eran de lujo como oro, plata, piedras semipreciosas (lapislázuli y turquesa), metales (plomo y estaño), sellos, joyería y varias formas de objetos de arte que representaban animales exóticos. Pero también comerciaban con productos alimenticios, como el pescado salado o ahumado de Baluchistán, ropa y diversos productos manufacturados.

La cerámica del valle del Indo también circuló por toda esta zona del Asia meridional; Piezas en forma de copas, vajilla común, etc. se han encontrado en gran cantidad en Saar (actual Bahrein). Análogamente se han encontrado jarras en Mohenjo-Daro y otras localidades del valle idénticas a las localizadas en diferentes puntos del golfo pérsico y que posiblemente sirvieran para transportar el vino, porque la viticultura formaba parte de la agricultura en auge en esta época.

 

LAS INCÓGNITAS DE LA CIVILIZACIÓN

Uno de los retos que aún tienen que enfrentar los investigadores es la interpretación de su lenguaje. Hasta ahora se ha identificado un alfabeto que combina de 200 a 400 signos fonográficos, pero el mensaje que formulan todavía no se ha podido desvelar. No lo ha facilitado el hecho de que la mayoría de las inscripciones halladas sean muy cortas, formadas por un escaso número de símbolos, que probablemente corresponden a simples nombres propios de personas, o a títulos honoríficos. El conocimiento del idioma utilizado en la cultura del valle del Indo será determinante para conocer muchos de los aspectos administrativos, políticos y sociales por los que se articulaba esta avanzada sociedad, cuya historia permanece hasta el momento sumida en un impenetrable misterio.

 

EL FINAL DEL VALLE DEL INDO

El declive final de la civilización del Indo se sitúa hacia el 1800-1750 a C, supuestamente provocado por las invasiones de grupos de población venidos del norte, la comúnmente llamada “llegada de los arios” aunque en la realidad los arios solamente son la punta del iceberg de los diversos pueblos que les invadieron procedente de las regiones más septentrionales.

La homogeneidad cultural que caracterizaba a esta sociedad se rompió entrando en un proceso de regionalización, apareciendo desde entonces diversos núcleos independientes entre sí.

En 1980, las ruinas arqueológicas de Mohenjo-Daro fueron incluidas en la Lista del Patrimonio Universal de la UNESCO.

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