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Arte

EL HINDUISMO EN ANGKOR

Susana Ávila

En la península de Indochina, pese a que la raza, el paisaje, el ambiente en definitiva, es más chino que indio, es un lugar donde se ha conservado la representación de la religión hindú a través de su arte, aunque con una estética muy particular. Leyendas indias muy conocidas, divulgadas y vigentes en la India desde hace centenares de años encuentran su representación plástica en Indochina. No se trata de una (en realidad, muchas) imágenes de Vishnu con sus atributos o de Shiva danzando, sino temas mucho más puntuales que recrean mitos concretos.

La India se ha caracterizado a lo largo de los siglos por una historia con muchas puertas de entrada y prácticamente ninguna de salida. Ha recibido dentro de sus fronteras multitud de pueblos: hasta allí llegaron los griegos, los parsis, los misioneros cristianos; fue invadida por los moghuls, cuya cultura entró en simbiosis con la vernácula. Pero no se le conocen salidas al exterior. Cuando un soberano indio se proponía «Conquistar el mundo», su mundo finalizaba en los límites del Indostán. Sólo el mensaje espiritual ha germinado en la cultura de otros países, pero en el caso del Sudeste Asiático incluso ha llegado más lejos, plasmando esas creencias en imágenes plásticas cuando, en la misma India, algunos de estos temas apenas han rebasado el umbral de la literatura. También habría que decir, en honor a la verdad, que el budismo, nacido en la India, se ha desarrollado ampliamente fuera de sus fronteras, pero aquí más que de importación deberíamos hablar de exilio.

Es conocida la influencia que han ejercido las dos grandes epopeyas, especialmente el Râmâyana, en todo el Sudeste Asiático, pero en ningún otro punto ha germinado como en la cultura que se desarrolló en Angkor.

Los lazos culturales entre Camboya y la India comenzaron hace muchos siglos. Una tradición, que se pierde en la leyenda, habla de un indio que llegó a Camboya y casó con una princesa nativa convirtiéndose en regente. Posteriormente –y ese hecho ya está datado– un príncipe camboyano llamado Parameshvara llegó al sur de la India y fue coronado para ocupar el trono Pallava que había quedado vacante tras la muerte del rey Parameshvara Varman II (728-731), entronizándose con el nombre de Nandivaram.

El hinduismo prendió en la cultura camboyana anterior incluso al periodo khmer. En el siglo V ya se rendía homenaje a Shiva en su forma fálica y posteriormente el culto se extendió a las figuras de Brahma y Vishnu. Las grandes cosmologías y sabidurías procedentes de la India aportaron claridad y coherencia a un conjunto de supersticiones, creencias y prácticas confusas. Pero también un rico simbolismo que ofrecía a los hombres una explicación general del universo y un sistema eficaz de gobierno.

El florecimiento del imperio khmer dio lugar a grandiosas construcciones en las que se plasmaron las creencias de la sociedad y, aunque éstas evolucionaron a lo largo del tiempo, el respeto por la tradición y la tolerancia hizo coexistir y prevalecer temas de la tradición hindú con escenas budistas.

 

El imperio Khmer

Es necesario aquí dar unos breves apuntes sobre el imperio khmer y su obra para comprender la impronta que tuvo el hinduismo y la creación artística que de ello resultó.

La historia de la civilización khmer comienza en los albores del siglo IX, concretamente en el año 802, cuando Jayavarman II fundó Angkor e instauró allí el culto del rey-dios. Este acto consagró la unidad del país, realizada poco antes, y el nacimiento de una civilización tan poderosa como original. El lugar elegido era extremadamente favorable para el progreso, las colinas del Phnom Kulen dominaban la región proporcionando un emplazamiento aventajado frente a los vecinos, posibles enemigos, había inmensas y fértiles llanuras aluviales atravesadas por cursos de agua permanentes y un lago, el Tonle Sap, con una gran riqueza pesquera; bosques ricos en esencias preciosas; canteras de arenisca y minas de hierro. Y fue allí en el mismo corazón de la llanura, en la orilla septentrional del Gran Lago, donde los sucesores de Jayavarman II fundaron la capital que habitarían durante cerca de seis siglos y enriquecerían con suntuosos templos, mientras dotaban a la región de un admirable sistema de regadíos.

El primer nombre propio que debemos destacar es el de Indravarman (877-899), verdadero artífice del poderío khmer, que enriqueció a su pueblo estableciendo un sistema de lagos artificiales conectados por canales con unas técnicas de ingeniería que se anticipaban sobradamente a su tiempo y permitían establecer un sistema de regadíos que llegaron a proporcionar cuatro cosechas anuales de arroz, base de su economía. Esta civilización de campesinos desarrolló un extraño proceso de urbanización en el que se construyeron moradas para las aguas y los dioses, reservando para ellos sólo caducas chozas de hojas y madera.

Su hijo Yasovarman heredó un vasto imperio y comenzó las grandes construcciones que serían el sello dominante de la dinastía. Edificó una inmensa muralla cuadrada, de cinco kilómetros de lado, en un anticipo de lo que luego sería Angkor Thom, ordenó excavar el Baray oriental, enorme estanque de siete kilómetros de longitud por cerca de dos de anchura, actualmente seco. En la colina de Phnom Bakeng, desde la que se oteaba la nueva ciudadela, levantó un soberbio templo de arenisca cuyas gradas y múltiples torres simbolizan los Cielos, los Mundos y los Astros.

La pirámide que constituía los templos representaba el monte Meru, centro y eje del mundo. Orientado a los cuatro puntos cardinales, con los ejes perfectamente dispuestos en dirección norte-sur y este-oeste. Con la fachada principal dirigida generalmente hacia oriente –en lo que Angkor Wat es la honrosa excepción– a modo de saludo al astro en su nacimiento. El templo materializaba el recorrido del Sol a lo largo del año. Los fosos donde se reflejaba representaban el océano que rodea el mundo.

Resultaría farragoso referir la larga lista de soberanos que se sucedieron al frente del imperio a lo largo de los siglos X y XI, cada uno de los cuales consideró como cuestión de honor el aventajar a sus predecesores en la magnitud, belleza y originalidad de sus obras.

Con Suryavarman II (1113-1150), cuyo poder se extendió desde las orillas del Mar de la China hasta las del océano Indico, llegamos al momento culminante en que el pueblo alcanzó la cima de su gloria y se mantuvo en ella con un esplendor que quedará para siempre en los anales del país. El templo que ordenó edificar en el centro del inmenso imperio no es otro que Angkor Wat, «la ciudad-santuario»

Del apogeo del poderío y del arte khmer, nada ofrece una imagen más perfecta que este templo-montaña. El templo está dedicado a Vishnu, divinidad que estuvo identificada en tiempos védicos con el culto solar. En los relieves, que decoran toda la galería exterior, los que dan al este están dedicados a la vida, como el Batimiento del Mar para la obtención del licor de la inmortalidad, mientras que los que se encuentran en el lado oeste están dedicados a la muerte con las Batallas de Lankâ y Kurukshetra.

La desaparición de Suryavarman II abrió una larga etapa de decadencia, plagada de luchas intestinas y querellas de palacio que minaron un reino que estuvo a punto de hundirse, debilitándole de tal modo que en el año 1177 sus vecinos del este consiguieron penetrar en la ciudad y saquearla. Un hombre de excepcional valía, el futuro Jayavarman VII, iba a encauzar este conflicto para suspender, al menos transitoriamente, el curso inexorable del destino. Su personalidad es, sin duda, la más fascinante de toda la historia khmer.

Accedió al trono después de haber expulsado a los invasores, cuando tenía más de cincuenta años. Su carácter, fuerte, consistía en una vigorosa mezcla de orgullo, misticismo y piedad por su pueblo. Consiguió establecer su poder y bajo su impulso todo el reino se contagió de un delirio de conquista, de construcción y de fervor religioso.

Bajo el reinado de aquel hombre, el arte khmer conoció una nueva apoteosis: primero el Banteay Kdei con su espléndido embarcadero real, el Srah Srang, luego los inquietantes laberintos de piedra del Preah Khan y del Ta Prohm, dedicados a su padre y a su madre, al norte y al sur del Baray respectivamente, y sobre todo la «capital», Angkor Thom, que Jayavarman VII ordenó reconstruir sobre un trazado anterior, la antigua ciudadela de Yasovarman junto a la colina de Phnom Bakeng. Se añadieron unos 16 kilómetros de murallas de piedra, horadadas con cinco puertas monumentales, a las que se accedía por unos puentes flanqueados a ambos lados, a modo de parapetos, con veintisiete estatuas colosales de guardianes. Finalmente, en el centro del ámbito protegido por esta muralla, se elevó la más extraña de todas las construcciones del arte khmer: el Bayon, con sus 200 rostros de piedra, de mirada y sonrisa enigmática. Cuando se descubrió este templo, en el siglo XIX, se pensó que era hindú, pero investigaciones posteriores determinaron que era un templo budista que representaba la figura de Avalokiteshvara. El culto hindú de los primitivos khmer, se había transformado para entonces en budismo.

Tras la fiebre constructora, los soberanos que se sucedieron en la capital durante dos siglos –hasta la caída definitiva en 1431– parecen haber renunciado a dejar la menor huella de su paso. La inmensa red de regadío, fundamento de su riqueza y vitalidad, pero necesitada de la presencia y presión constantes de un poder fuerte y centralizado, comenzó enseguida a deteriorarse. El suelo, privado de aquella fecundante aportación, ya no pudo alimentar a una población numerosa. Por otra parte, la influencia creciente del budismo theravada, que predicaba la renuncia, parece haber intervenido en el proceso de decadencia.

 

La leyenda de Râma

Tanto en las grandes construcciones, Angkor Wat o el Bayon, como en los pequeños santuarios se presentan frontones y frisos con escenas de la mitología. A veces se trata de grandes paneles que pueden acercarse al centenar de metros como las ocho grandes galerías de Angkor Wat y otros motivos pequeños que se describen en los pabellones que constituyen las esquinas occidentales del mismo templo que, en forma de cruz, dejan doce muros para su decoración, aunque lamentablemente no se encuentran en buen estado de conservación. El tema más frecuentemente utilizado, y el que sin duda predominó en todo el Sudeste Asiático, es la historia de Râma, si bien en algunos puntos difiere del Râmâyana original centrándose en algunos episodios.

En primer lugar los artistas presentan al râkshasa Râvana como un ser violento y molesto para los dioses a los que incomoda incluso en su misma residencia. El episodio que eligen se refiere al hecho en que el demonio sacude el monte Kailâsa. La representación más lograda y mejor conservada procede del Banteay Srei ocupando el frontón este de la biblioteca sur y representa el momento en el que Râvana con sus diez cabezas y múltiples brazos toma el monte para agitarlo. En el mismo nivel del demonio vemos algunos animales que huyen aterrorizados, entre los que hay leones, animales desconocidos en las selvas camboyanas. En un estrato superior, ascetas y devotos ruegan a Shiva para que les proteja y en la parte superior Shiva sostiene a su esposa Umâ y con la mano hace un signo de sosiego. Este episodio se repite en el muro sur del ala oeste del pabellón cruciforme que ocupa la esquina SW de Angkor Wat, tomando el momento en que yakshâs, vidyâdhârâs y siddhas exhortan a Râvana a propiciar a Shiva postrándose ante él, pero el relieve está muy deteriorado. Volvemos a encontrar la escena en el pequeño santuario de Thommanon y en la galería interior, fachada norte, ala este del Bayon. Aquí, entre las dos torres, a la izquierda de la puerta y a continuación de una figura sentada en la cumbre de una montaña se describe este episodio pero lamentablemente muy mal conservado hasta el punto de que sólo la figura de Râvana aparece nítida.

En el comienzo de la epopeya (Balakhanda XV) los dioses se dirigieron a Vishnu a solicitar su ayuda frente al tirano. En la esquina NW de Angkor Wat se describe a Vishnu descansando sobre la serpiente Ananta, a sus pies está Lakshmî y, a continuación, una caravana de dioses montados en sus diferentes cabalgaduras dirigiéndose hacia él. De derecha a izquierda: Ketu en un león, Agni en un rinoceronte, Yama en un búfalo, Kuvera en un caballo, Skanda en un pavo, Varuna en un monstruo marino, Nirriti en una figura humana. Abajo, flanqueando la ventana está la Luna (arriba) y el Sol (abajo)

Siguiendo la cronología de la epopeya encontramos la lucha de Râma con la yakshinî Tâtaka (Ry, Balakhanda XXIV-XXVI) en el santuario principal del Banteay Srei y el svayamvara de Sitâ en el ala sur, muro este del pabellón de la esquina NW de Angkor Wat tomando el momento en que Râma, llegado a la corte del rey Janaka, decide tensar el enorme arco de Shiva para optar a la mano de la princesa (Ry, Balakhanda LXVII)

En la gopura oeste del templo Baphoun se describe una escena cotidiana –no es posible concretar un episodio determinado– en la que se ve a los dos hermanos, Râma y Lakshmana, en el palacio de Ayodhyâ. Râma de mayor tamaño se identifica llevando un arco en su mano izquierda y Lakshmana, más pequeño, aparece junto a él al lado de un carro.

Varias son las escenas de la vida en el destierro del príncipe Râma. La abducción de Sitâ por el râkshasa Virâdha (Ry, Aranyakhanda II-IV) y como es rescatada por su esposo y su cuñado que se representa en el santuario principal del Banteay Srei y se repite en el muro norte del ala norte del pabellón NW de Angkor Wat. Un tema especialmente relevante en la epopeya aparece sobre la puerta en el ala norte del pabellón de la esquina SW de Angkor Wat, es la muerte de Mârîcha transformado en gacela (Ry, Aranyakhanda XXXVIII-XLIV)) lo que sirve de distracción para el verdadero objetivo, que Râvana rapte a Sitâ (Ry, Aranyakhanda XLV-XLIX) escena que encontramos en la sala larga que cierra la gopura del segundo claustro del Banteay Srei. O la muerte del dânava Kabandha (Ry, Aranyakhanda LXX-LXXIII) que se encuentra sobre la puerta del ala sur del pabellón que constituye la esquina NW de Angkor Wat.

Son frecuentes las representaciones de Râma y Lakshmana en relación con Sugrîva (Ry, Kishkindhakhanda, II-XI). En el pabellón de la esquina NW de Angkor Wat, sobre la puerta que da acceso a la galería norte, aparecen los dos hermanos estableciendo una alianza con el mono en el monte Malaya y en la cara sur de la gopura norte del templo Baphoun, confortando a Sugrîva que llora su destierro. La lucha entre Sugrîva y su hermano Bâli (Ry, Kishkindhakhanda, XII-XVIII) se representa en el dintel de la puerta norte de la torre central del santuario principal del Banteay Srei, y en el frontón de la gopura oeste, cara este, en la que a la derecha de los dos combatientes aparece Râma tensando su arco que acabaría con la vida de Bâli. En el muro sur del ala sur del pabellón SW de Angkor Wat aparece en la parte superior la lucha de los dos enemigos y abajo la muerte del mono en brazos de su esposa Târa.

Del quinto libro del Râmâyana (Sundarakhanda XXXII-XL) se describe la escena en la que Hanumân, salvando el cerco que custodia a Sitâ, consigue entrevistarse con ella y darle un anillo en prueba de la veracidad de su misión, motivo que se desarrolla también en el ala oeste, muro sur del pabellón NW de Angkor Wat y en la gopura oeste, cara este del Baphoun.

En la gopura exterior sur del Banteay Samre, se observa una escena de los monos construyendo un puente para unir la India con la isla de Lankâ (Ry, Yuddhakhanda, XXI-XXII)

La gran batalla de Lankâ, tema central de la epopeya, encuentra un emplazamiento de lujo en los cincuenta metros de la galería oeste del ala norte de Angkor Wat donde se describe presentando a Râma rodeado de flechas y flanqueado a su derecha por su hermano Lakshmana y Vibhîshana, el hermano de Râvana que no duda en pasarse al bando contrario y, a continuación, al demonio Râvana con sus diez cabezas y veinte brazos montado en un carro tirado por dos leones. También, en medio de la abigarrada lucha, se distingue a los principales monos del ejército de Râma: la lucha entre el mono Nîla y el râkshasa Prahasta, Nikumbha combatiendo a Hanumân, Kumbha atacado por Sugrîva, Narântaka, hijo de Râvana, asaltado por los monos. Y escenas de gran belleza plástica: mono obligando a un râkshasa a beber una pócima venenosa, otro mono atacando un carro râkshasa. La caracterización de los personajes está lograda pues los monos tienen una expresión claramente simiesca y van descubiertos mientras los râkshasas llevan un tocado rayado en la cabeza.

Además de este panel de Angkor Wat, que es sin duda el más significativo, encontramos momentos de la batalla de Lankâ en otros templos: un frontón del Preah Khan muestra el momento cumbre del enfrentamiento entre Râma y Râvana, lo mismo que el Banteay Samre que además en la misma gopura por la cara opuesta presenta a los dos hermanos Râghava cabalgando sobre monos. Encontramos la historia de Kumbhakarma, hermano de Râvana, (Ry, Yuddhakhanda, LXI- LXVIII) en la gopura oeste, cara este sel Baphoun donde, a través de diversos paneles, se narra su historia. Este templo, en el que se están llevando a cabo importantes tareas de conservación, describe otros momentos de la contienda: la figura de Râma en su carro tirado por tres caballos y la de Râvana en otro carro tirado por caballos con cabezas humanas; en otro momento Hanumân saltando al carro del demonio identificable con sus diez cabezas, Râvana en pie en su carro, los príncipes Raghavas atados con serpientes gracias a un ardid de Indrajit, hijo de Râvana (Ry, Yuddhakhanda, LXXIII, LXXX-LXXXII) y otras muchas.

La herida que infringe Indrajit a Lakshmana con sus armas mágicas, se describe en el frontón del segundo nivel de Angkor Wat y en el Banteay Samre. Aunque en el original de Vâlmikî el remedio lo aporta Hanumân llevándole una planta milagrosa que crecía en el Himalaya (Yuddhakhanda; CI), en los dos frisos en que se recrea este episodio la historia está trastocada; en Angkor Wat es Râma quien saca la flecha a su hermano y en el Banteay Samre, Sushena, médico entre los monos, le atiende de sus heridas.

Alcanzada la victoria Râma se reencuentra con su esposa Sitâ y regresan triunfales a Ayodhyâ (Ry, Yuddhakhanda, CXXII). Los frisos que reflejan estos episodios enfocan diferentes momentos: el reencuentro de los esposos (Thommanon), el héroe (solo) en su carro Pushpaka (Angkor Wat), o los esposos recibidos en su reino (Banteay Kdei y Baphoun).

Finalmente la prueba de fuego a que se somete Sitâ (Ry, Yuddhakhanda, CXV-CXVI) está representada en la esquina NW de Angkor Wat, y la gopura este del Baphoun.

 

Mitos referentes a Krishna

Krishna es la reencarnación de Vishnu más representada en los templos de Angkor después de Râma, pero además se presenta en muchas y muy diferentes facetas.

Encontramos representaciones de varios momentos en la infancia de Krishna según la versión que de ello da el Bhagavad-Purâna: la muerte de los recién nacidos ordenada por el rey Kamsa cuando se entera que Krishna ha nacido pese a su estrecha vigilancia, en la cara sur de la gopura sur del templo Baphoun; jugando bajo un árbol de la variedad llamada arjuna en Angkor Wat, Baphoun y Banteay Samre; luchando contra la serpiente Kâliya en la gopura exterior este, cara este abierta hacia la puerta secundaria en la cara sur del Banteay Samre y cara sur de la gopura sur del Baphoun.

Otro episodio descrito reiteradamente es Krishna subiendo al Govardhana cuando Indra, furioso contra los habitantes de Vrindâvana, que le habían retirado el culto envía una tormenta terrible capaz de desmoronar el monte Govardhana, y Krishna salva a sus vecinos conteniendo al monte. Las representaciones mejor conservadas están en el lado norte de la cara oeste  en la gopura exterior este del Banteay Samre, un frontón en el Krol Ko y, aunque ya más deteriorada, en el muro este del ala norte en el pabellón de la esquina SW de Angkor Wat.

Están representadas numerosas luchas de Krishna contra los asuras, pero la más interesante es el enfrentamiento con su tío Kamsa, del que encontramos tres momentos en el Banteay Srei: en el frontón oeste de la biblioteca norte aparecen varias escenas de palacio que rodean la imagen central de los dos antagonistas. En el dintel de la puerta norte, torre norte, del santuario central partiéndole en dos y una tercera en el dintel de la puerta sur, en que derrota a un asura que los investigadores identifican con la figura de su tío. También se encuentra este motivo en uno de los frontones del nivel superior de Angkor Wat y el Baphoun.

Los relieves narrativos khmer sobre el Mahâbhârata son escasos y se centran en la batalla de Kurukshetra, en contraste con la frecuencia con que se representan los distintos episodios del Râmâyana. Ocupando el gran panel de la galería oeste, ala sur de Angkor Wat se describen momentos de la gran batalla. Son cincuenta metros de abigarrada lucha, en buen estado de conservación y restauración, sin embargo su descripción es más confusa que en el caso de la batalla de Lankâ donde combaten dos etnias distintas (monos y râkshasas) mientras que aquí los contendientes, Pândavas y Kauravas, son miembros de la misma familia y por lo tanto con un aspecto físico bastante similar. Hacia el centro del panel es posible identificar a Bhîshma tumbado sobre un lecho de flechas que finalmente le causarán la muerte, con ello se centra el panel en el momento cumbre de la obra, el de la muerte del gran patriarca a la sazón comandante del bando kaurava. Cerca, a la derecha, se ve un carro que lleva al príncipe Arjuna disparando una flecha y a su auriga Krishna, fácilmente reconocible por sus cuatro brazos. También la imagen de Arjuna, en un carro conducido por Krishna, la encontramos en el Baphoun. Bajo el mismo epígrafe de Batalla de Kurukshetra se puede englobar un frontón procedente del Banteay Srei (hoy conservado en el Museo) que describe la lucha a mazas entre el segundo príncipe pândava, Bhîma, y el kaurava Duryodhana, momento que pone fin a la gran guerra. En la imagen, a la derecha, se ven las figuras de los cuatro hermanos Pândavas esperando anhelantes el desenlace y a la izquierda las figuras de Krishna y su hermano Balarâma, maestro en la lucha a mazas de los dos contendientes.

Otra historia procedente de Mahâbhârata, aunque no pertenece al tema central de la epopeya es la lucha de Krishna contra el asura Bâna que ocupa los sesenta y cinco metros del panel de la galería norte, ala este de Angkor Wat. La historia presenta a Aniruddha, hijo de Pradyumna, casado con Rochanâ, pero la hija de Bâna, Ushâ, se enamoró de él y le atrajo a su palacio mediante magias. A su llegada fue atacado por el asura que le cortó los mil brazos dejándole solamente dos y haciéndole prisionero. Enterado de esto, Krishna, junto con su hermano Balarâma y su hijo Pradyumna, partieron inmediatamente hacia la ciudad de Shonitapura para rescatar a Aniruddha. Antes de entrar en la ciudad, necesitaron la ayuda de Garuda que extinguió los legendarios "cinco fuegos" y aniquilaron a la armada de asuras en una batalla que culminó con la decapitación de Bâna a pesar de que estaba protegido por Shiva. Al final del panel, Krishna rinde homenaje a Shiva en presencia de Pârvatî y de Ganesha en una de las escasísimas representaciones de esta divinidad en Angkor.

 

Otros mitos sobre Vishnu

La representación de Vishnu más habitual, y que encontramos casi sin excepción en los templos de Angkor, es cabalgando sobre Garuda. El desarrollo del hinduismo entre el pueblo Khmer aparece como un culto solar (no hay más que echar un vistazo a la orientación de todos los edificios y su simbolismo) y para ello toma la figura del Vishnu védico, asociado al Sol, cabalgando en el prodigioso Garuda, elemento continuo en toda la iconografía no sólo del pueblo khmer sino en todo el sudeste asiático.

Como divinidad absoluta del vishnuismo aparece con ocho brazos portadores de sus atributos. La talla más singular es la estatua que preside la gopura de entrada oeste de Angkor Wat, con cerca de tres metros de altura, punto de culto en la actualidad. También en la galería oeste del Preah Khan se le representa tumbado sobre Ananta, en su manifestación como Nârâyana y en la cara oeste de la biblioteca norte del Banteay Samre  aparece tumbado haciendo nacer de su ombligo a Brahma.

Uno de los temas que más ha proliferado en los frisos, frontones y dinteles de Angkor es la leyenda del Batimiento del Mar. Lo encontramos en el Bayon (galería interior oeste, ala norte), en el Banteay Samre (gopura exterior este, cara este, abierta hacia la puerta secundaria en la cara sur), en el conjunto de los Preah Pithu (cinco pequeños santuarios situados de forma aleatoria en la zona norte de Angkor Thom) está en dos de ellos. Angkor Wat lo presenta de manera alegórica en la cara oeste del frontón que limita el extremo de la cruz del primer nivel y en el muro este del ala norte del pabellón de la esquina SW, pero la escenificación más brillante la encontramos en este mismo templo, ocupando los cuarenta y cinco metros del ala sur de la galería este, en la que los dioses tiran de la cola de la serpiente Vâsukî (a la derecha) y los demonios de la cabeza (a la izquierda) mientras en el centro aparece la figura antropomórfica de Vishnu con cuatro brazos sobrevolando a una tortuga, que reemplaza simbólicamente al monte Mandara.

Otro de los temas recurrentes que está profusamente utilizado en la iconografía khmer es la encarnación como enano. En ella encontramos el más fiel exponente del Vishnu védico dando sus tres simbólicos pasos en el cielo, en la atmósfera y en la tierra. Así aparece en el quinto templo del conjunto de los Preah Prithu, en el lado sur de la cara oeste de la gopura exterior este del Banteay Samre, en el hall cruciforme de Angkor Wat y en el santuario central del Prasat Kravan. Este pequeño santuario consagrado a Vishnu le presenta con todo su poder en la pared frontal, en la izquierda la mencionada representación del quinto avatar y en la derecha montado sobre Garuda.

Además de la reencarnación de Vishnu como Râma, Krishna, Kûrmâvatâra y Vâmana, aparece como Narasimhâvatâra, la cuarta encarnación, en el frontón de una de la salas largas que se encuentran a la entrada del Banteay Srei.

El vishnuismo que impregnó la religiosidad khmer durante varios siglos le lleva a aparecer, además de estas leyendas clásicas, como protector de los constructores de los templos que se ven a sus pies puliendo los bloques de piedra y colocándolos en el Bayon o con la figura de un rey, al parecer, que le rinde homenaje.

 

Mitos de Shiva

El culto a Shiva es más antiguo que el de Vishnu en el pueblo khmer, que se centró en la adoración del lingam, pero poco a poco fue superponiéndose el culto vishnuita y aunque hay múltiples imágenes de Shiva meditando, bailando, con su esposa Pârvatî o montado sobre su toro Nandî, pocos son los mitos que se refieren a él. De hecho solamente encontramos tres leyendas: la primera se refiere a la reducción de Kâma a cenizas, episodio extraído del Vâmana-Purâna, y que encontramos espléndidamente representado en la biblioteca sur, frontón oeste del Banteay Srei y se repite más deteriorado en el Bayon, donde sólo se aprecia a Kâma disparando su flecha.

Ampliando este mito con la versión que da el Bhâgavata-Purâna encontramos que Shiva permite a Kâma renacer como hijo de Krishna y en sus nuevas aventuras es tragado por un pez y rescatado por su esposa Rati, secuencia plasmada en el Bayon, en el lateral derecho del ala este, entre las torres, de la galería interior sur.

La segunda leyenda es mucho más confusa y parece referirse a la historia de Shiva Bhikshâtanamurti que relata el Brahmanda-Purâna y que presenta a Shiva discutiendo con Brahma sobre quién era el creador real del universo, durante la disputa Shiva mató a un brahmán por lo que fue condenado a vivir como un mendigo, absolutamente sin nada (y eso incluía la ropa), durante doce años en medio del bosque. La apariencia de un hombre escasamente vestido es poco habitual en la iconografía de Angkor, de hecho la representación de un hombre joven desnudo es inconcebible en arte khmer, de ahí que se hayan asociado imágenes que aparecen en las zonas norte y sur de la galería interior del Bayon, y en el muro norte del ala oeste en el pabellón de la esquina SW de Angkor Wat con esta leyenda.

La tercera leyenda referente a Shiva está extraída de un episodio del Mahâbhârata, cuando Arjuna pasó un tiempo de retiro y meditación para ser reconocido como hijo divino de Indra y hacer valer su dimensión sobrehumana durante la batalla, en este periodo se vio enfrentado a un kirâtâ, que no era sino el mismo Shiva que había tomado dicho aspecto para probarle, y al disparar una flecha hirió al demonio Muka que se había metamorfoseado en jabalí. El friso del Banteay Srei presenta a Arjuna y Shiva enlazados durante el combate, en una actitud confusa, pues algunos autores han identificado a los dos personajes como Râma y la yakshinî Tâtaka. En el Baphoun la historia se muestra en una serie de tableros sobrepuestos, con el duelo entre Arjuna y el kirâtâ, en la cara oriental de la gopura este, y el regalo de armas que recibe de Shiva tras la lucha, en la cara occidental de gopura oeste. También en el ala oeste, entre las torres, de la galería interior norte del Bayon hay una referencia a este mito pero sólo se distingue a Arjuna con el arco.

 

Mitos de Indra

A pesar de que no había un culto especifico a este dios en la religión khmer, Indra aparece profusamente representado sobre su elefante Airâvata, al que en el sudeste asiático se representa con tres cabezas. Sin embargo no era posible que este dios pasase desapercibido al regir algo tan importante como las lluvias en países sujetos a los monzones.

La representación más notable es la lluvia bienhechora de Indra que se encuentra en el frontón este de la biblioteca norte del Banteay Srei y aún así la historia escenificada le relaciona con Krishna. En la parte inferior del frontón se presenta una escena pastoral con un joven Krishna y su hermano Balarâma en sus carros, el escenario es un frondoso bosque poblado de animales. Encima estalla la tormenta, presidida por Indra montado en su elefante. Contrariamente a un cataclismo, los artistas la señalan como una bendición que anuncia el final de la estación seca. Las nubes se indican como líneas ondulantes con la lluvia cayendo en sentido diagonal, en el centro de la cual aparece una nâga, símbolo del agua. Es imposible decir exactamente a que texto se refiere esta historia, pues hay muchos que mencionan la lluvia bienhechora de Indra, pero el hecho de que aparezcan Krishna y Balarâma se puede referir a la juventud de estos en Vrindâvana y a la descripción lírica de la estación lluviosa.

 

El Cielo y el Infierno

El concepto hindú de Infierno que contradice abiertamente a la creencia de la metempsicosis y que existe en la India como una más de sus múltiples controversias que hacen tan singulares como válidas sus creencias, se desarrolla también en Camboya. Un solo relieve se refiere a ello, pero es de una gran importancia, es el ala este de la galería sur de Angkor Wat, sesenta y cinco metros describiendo en tres niveles los tres mundos. En el centro del panel hay una figura de Yama, impresionante con veinte brazos armados con clavas y montado sobre un búfalo, su animal identificador. Y más a la derecha se le vuelve a encontrar sentado junto a su servidor Chitragupta administrando justicia. En el nivel inferior, correspondiente a Infierno se ve a los condenados sufrir las más diversas penas y torturas, mientras que en el superior, correspondiente al cielo espléndidos vehículos, casi palacios, portan a los justos.

 

Otros dioses

Otras divinidades hindúes aparecen en frisos o frontones, y aunque no protagonizan mitos concretos adscritos a su propio culto, pueden intervenir en alguna de las historias ya descritas o bien aparecer como figuras singulares generalmente montando en su cabalgadura.

El panel que cubre el ala oeste de la galería norte de Angkor Wat y que representa la Batalla entre los dioses y los demonios es un amplio escaparate donde aparecen Indra, Kuvera, Brahma, Shiva, Kârttikeya, Varuna, Yama, etc.

 

Con la caída del impero khmer en 1431, Angkor se sumió en el olvido bajo la sombra de la selva invasora, sólo Angkor Wat quedó en la memoria de los fieles camboyanos que acudían en peregrinación, pero olvidada para el mundo exterior. En 1861 el naturalista francés Henri Mouhot avistó algo oscuro que sobresalía entre la espesa masa de vegetación y encontró Angkor Wat, a partir de ahí numerosos investigadores han ido entresacando los vestigios de esta fascinante cultura.

 

 

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